| Quienes somos |
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Nuestro centro educativo es un Colegio cuya titularidad está en manos del Instituto de la Bienaventurada Virgen María (IBVM): congregación de religiosas fundada en 1609 por Mary Ward, conocidas popularmente en España como Madres Irlandesas por ser la rama irlandesa de la congregación la primera que funda colegios en España. El Instituto llegó a nuestro país en 1889 y, puso en marcha colegios en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) y Zalla (Bilbao).En Madrid abrió un colegio en 1904. En 1931, la expropiación forzosa de parte de las instalaciones hizo que el colegio tuviera su entrada por la calle Velázquez, donde estuvo ubicado 44 años.Las exigencias pedagógicas y académicas de la Ley de Educación de 1970, que suponían una serie de transformaciones y mejoras difíciles de llevarse a cabo en las instalaciones de la calle Velázquez motivó el traslado a unas instalaciones de nueva planta en El Soto de la Moraleja (Alcobendas). Estamos en esta zona del norte de Madrid desde 1975. En la actualidad el IBVM regenta seis colegios en España: uno en Leioa (Bilbao), tres en Sevilla y dos en Madrid. Historia del IBVM El Instituto de la Bienaventurada Virgen María fue fundado en 1609 por Mary Ward, una joven inglesa que, a pesar de las dificultades y de la persecución sufrida por los católicos en su país, dio muestra de una fuerza y una determinación impensables para una mujer de su época.
Llegada a España
Fué en 1904 cuando se expandió el IBVM por España. Primero a la vizcaína Zalla, fundándose así el germen de lo que hoy es la comunidad y colegio de Lejona. Y, más tarde, pero en el mismo año, a Madrid.
Mary WardMaría nació en el Condado de York (Inglaterra) en 1585, durante el reinado de Isabel I, cuando la persecución contra los católicos en ese país estaba en todo su apogeo. Su familia era de una raza valiente y heroica perteneciente a la nobleza rural, que debió pagar cara su fe católica. Ella, durante los primeros veinte años de su vida, tuvo que peregrinar por diferentes casas de su familia para asegurar su existencia, curtiendo su carácter con un espíritu de gran fortaleza y audacia.
Sintiéndose llamada a la vida religiosa, fue elegida por Dios para ser una pionera en las obras de la Iglesia, comprometida en la defensa de la fe y lanzada a conseguir la mayor gloria de Dios en el mundo. Admiró la obra de Ignacio de Loyola y supo, como pocas mentes clarividentes de su siglo, que su misión era romper la clausura que se imponía a las mujeres, para poder andar por el mundo sin trabas, adelantándose a los tiempos y trabajando por el Reino de Cristo con recursos que los varones "sabios y prudentes" no podían llegar a tolerar en mujeres evangelizadoras. Y lo hizo con confianza total en la capacidad de la mujer, dándose cuenta de que eso era lo que la Iglesia necesitaba según la voluntad de Dios y los signos de los tiempos. Con un grupo de mujeres inglesas, trabajó en Londres pero, teniendo que vencer muchas dificultades, se embarcó para el Continente, logrando empezar su obra en la ciudad de St. Omer, donde años antes los Jesuítas de Inglaterra también se habían establecido. Tres grandes gracias debían formar el carisma del Instituto: - La gloria de Dios como fin. Su familia religiosa fue el anuncio de los nuevos tiempos en la educación, sobre todo de la mujer, siendo María Ward presentada por la historia como magnífica adelantada de las obras de cultura para la mujer y como creadora de nuevos estilos de formación humana y de progreso de la persona según las necesidades de los tiempos. Quiso una educación para todas las clases sociales adaptadas a las necesidades de las personas y del lugar, que integrara una formación espiritual, intelectual, física y psicológica y que preparara a la persona para su rol en la familia y en la sociedad. Si nos preguntamos de dónde le vino a María Wad esta visión de futuro y la fuerza interna para llevarla a cabo, solo podemos contestar que El espíritu sopla donde quiere. Hay hombres y mujeres destinados como instrumentos de la Providencia en momentos de grandes crisis históricas y María Wad fue una de ellas. El Instituto, con una visión de futuro muy adelantada para su tiempo, fue suprimido en 1631 por el Papa Urbano VIII en una de las más duras Bulas emanadas de la Santa Sede, siendo condenada y encarcelada María Wad por la Inquisición en Alemania, pudo salir adelante de forma muy precaria en vida de la Fundadora, bajo la autorización de la Iglesia. A lo largo de los siglos XVII y XVIII sobrevivió a muchos embates y crisis, extendiéndose poco a poco por Europa. |

Quienes somos 

"Hasta que no llegues al cielo no sabrás lo bonita que es España".